sábado, 21 de agosto de 2010

Cuando el cuerpo pasa la cuenta...

Así es, mi cuerpo me pasó la cuenta. Los últimos días mi estado de ánimo ha sido denigrante y derrotista. Me he sentido muy triste, sin ánimos y mi power esté en niveles paupérrimos. ¿Y qué pasó? Toda esta acumulación de preocupaciones se explotó por mi parte del cuerpo más débil: mi estómago. No contaré detalles porque ellos denigran la raza humana.

Ahora pienso ¿por qué me vino todo esto? Mi hija es mi gran preocupación. Reviso todos los días su libreta de comunicaciones esperando que la tía la acuse por algo, no hay día de Dios en que mi familia no la acuse por algo que hizo durante el día: "la Mane rayó la muralla", "la Mane rompió aquello", "la Mane se comió esto", "Gustavo le pegó"; "Gustavo la gritó", "tu Gordo la trató mal", "La Magdalena lloró por...", "¡¡¡Hizo una pataleta!!!". Ufff. Esa es mi pena diaria. Y yo pienso y pienso, no he podido seguir con sus tratamientos con la sicóloga por falta de plata, la neuróloga me la llenará de pastillas que le freirán el cerebro y su hígado.

Gustavo no me ayuda con eso, la hace comer y comer, de partida él lo hace, tiene una ansiedad ¡impresionante! ¿Qué más de pido a mi niña? Tampoco me ayuda con sus rutinas: apagarle la tele temprano, que se acueste a las 8:30. Desearía que me apoye. Le he dicho pero no me entiende, ¿por qué los hombres no entienden? A Gustavo le tengo que explicar con manzanitas y aún así no hace lo que debe.

Se suma a esto mi escuelita. Lo de la falta de plata para materiales es lo de menos. Siempre me han tocado cursos grandes y me cuesta trabajar con chicos por eso. Desde que estudiaba en el IPP me dí cuenta que me cargaban los talleres laborales y ¡¡toda la vida he tenido que trabajar en talleres laborales!! En este caso la Tuco me sobrevalora, ella pensaba que yo podía sacar adelante a ellos chiquillos y ¡no es así! Nunca he sabido bien para dónde va la micro. Hago lo que se me ocurre y lo que me acomoda, pero no sé más.

Los talleres JECD nunca me han gustado, eso de que una profe esté a cargo de todo el colegio me parece agobiante y cansador, nunca le achunto con las actividades: es pa chicos, es pa muy grandes, es muy corta, es muy larga, tiene mucho trabajo, los niños no tienen cratividad para hacer eso... y yo no tengo brillo.

No me gusta la distribución horaria ¡¡¡Abrase visto que los talleres deben estar a media mañana!!! A esa hora los niños tienen más energías para hacer actividades que les sirvan más que los dichosos talleres. Siempre he sentido que le dan demasiada importancia, si al fin y al cabo es para que ellos aprendan a usar su tiempo libre. Uffff, creo que eso está mal.

Mi curso. Hasta plagado de jóvenes que más que una escuela especial necesitan estar en el Peral. Mi paciencia está marchitándose a niveles peligrosos, mucho, considerando que soy joven.

Quisiera buscar otro trabajo, pero me cuesta tanto acostumbrarme a las cosas nuevas que siempre las ignoro, pero creo que en este caso es algo que debo hacer o si no mi vida, mi vocación y mi sensatez se quebrarán. Y peor aún la gente a la cual me debo terminarán muy mal.

Gustavo. Mi relación con él no me agrada como se está llevando. Lo quiero, es un buen compañero, buen proveedor, se preocupa porque a la Mane ni a mí nos falte nada. Siempre está pendiente de lo material... pero sólo de eso. No me escucha, no le importan las cosas que siento. A veces me grita delante de la niña.

Si le cuento esto a alguien éste me dirá ¿por qué no se lo dices? Y mi respuesta es muy triste, se lo digo, pero no sé si no me entiende o no desea asumir su responsabilidad en nuestra relación, porque al final da vuelta de tal manera nuestras conversaciones y nuestras situaciones que me deja a mí como la culpable y a él como la víctima que lo hace todo, lucha por todo y sufre por todo. ¿A caso me ha preguntado alguna vez si soy feliz? Nunca, tal vez teme a la respuesta. ¿A caso sabe cómo me siento cuando me grita, cuando quiere imponer su voluntad? Yo no soy Santa Francisca, pero no soy mala. Lamento decirlo, muchas veces soy con él una mala persona, siento que ha sacado lo más malo que yo tengo dentro. ¿No se supone que debe ser lo contrario?

Me gustaría que fuera empático conmigo, un poquito que sea. Sé que me quiere, me mima. Ni siquiera sabe quién soy en verdad, me ve como él quiere verme. Hemos intentado arreglar cosas, espero que poco a poco esto surta efecto.

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