Criar a mi pequeña hija de 4 años ha sido para mi una tarea titánica que en ocasiones me produce una tormenta de frustración de pena y rabia... No sé qué hacer, cómo reaccionar ante las caras de ironía, de sarcasmo, de desafío que mi pequeña Mane es capaz de restregarme.
Sé que no soy la mejor madre del mundo (doy despistada, mañosa y trabajólica) pero también sé que no soy una madre permisiva para que esté menudo torbellino salga con este tipo de berrinches.
La amo pero es como si tuviera todas esas mañanas de Gustavo y las mías en forma exagerada, es dulce, dulce y agria, agria, jamás agridulce. Bueno, es lo que le gusta a Dios o frío o caliente, a los tibios los escupirá (o algo así dice el versículo).
Estoy desconcertada, tiene reacciones insospechadas tan sólo al escuchar la palabra NO.
¿Qué hago? Estoy dejando poco a poco mis trabajos (no puedo dejar la escuelita) para estar más con ella, pero no hablo sólo de estar físicamente con ella sino que mentalmente. Cuando tengo mucho trabajo me hago el espacio para compartir pero mi mente siempre está pensando en lo que tengo que hacer. Como no he podido combatir con eso, mejor dejo de tener cosas para concentrarme en lo importante.
Ahora, bien. Esta semana ha tenido tareas y hoy yo le hice una (debe aprender a escribir su nombre) y ha sido tan difícil lograr que realice sus ejercicios. Uffff. Sólo espero que Dios me ilumine pronto porque he llegado a pensar que sumergirme junto a mi fruto en la oscuridad es la solución, mi desesperación me tiene en la triste y enfurecimiento tanto punzante que temo a la decisión que me lleve a resultados áridos e in fértiles. Deseo vivir un camino parecido al Sur lleno de verde, frío, cálido, olor a humo, madera y cocina casera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario